4 PASOS PARA CAMBIAR TU SUERTE

Stephen Leacock, cómico, escritor y economista canadiense (1869-1944) dijo, “Soy un gran creyente de la suerte. Y he descubierto que cuanto más trabajo, más suerte tengo”.

El destino y la mala suerte.

La mayoría de nosotros tenemos una creencia bastante arraigada acerca del origen de la suerte. En base a esta creencia, tanto la buena como la mala suerte procederían del exterior, de acontecimientos incontrolables, que están fuera de nuestro alcance, y por lo tanto sobre los que no podemos influir. Pero, ¿en qué posición nos deja esta creencia? Parece que completamente a la deriva, a merced de lo que el destino nos quiera enviar. No parece una posición deseable, pero sin embargo como contrapunto vemos que es cómoda, porque no nos tenemos que mover del lugar en el que nos encontramos, sólo nos resta quejarnos.

Infelices pero cómodos.

Todo lo que hacemos tiene alguna función, toda creencia, todo movimiento sirve para algo, si no, no estarían ahí, se extinguirían, no tendrían razón de ser. En este caso esta creencia que limita nuestra expansión y nos deja paralizados, nos serviría, entre otras cosas, para permanecer quietos y cómodos en el lugar en el que estamos.

En la misma línea, la creencia en que uno tiene mala suerte nos exime de responsabilidad sobre los resultados que obtenemos, así lo que nos ocurra puede que la mayoría de las veces no pase a ser responsabilidad nuestra si no de la vida, que no nos trata como debiera ser. Lo cierto parece ser que, al margen de acontecimientos vitales inevitables, sí que tenemos cierto grado de control sobre lo que nos ocurre. Nuestros pensamientos y acciones generan movimiento, y ese movimiento genera cambios, de nosotros depende en que dirección vaya ese movimiento, si da a luz otro movimiento diferente y productivo, o si nos lleva de vuelta al punto de partida.

– 4 Pasos para ser una persona con suerte

Tener relativamente colocado el pasado, que no estorbe.

Todos tenemos un diálogo interno, y este dialogo suele estar lleno de ideas acerca de como somos y de lo que podemos conseguir y lo que no. A menudo son pensamientos que nos transmiten otros, ideas acerca de como nos veían nuestros padres, con frecuencia bastante arraigadas en nosotros. Hay que poder poner orden en este discurso interno que nos ata al pasado y no nos deja avanzar. La psicoterapia es una potente vía de ordenar la mente y la vida. Porque nadie sabe de lo que somos capaces, y nosotros tenemos que descubrirlo. Somos individuos en permanente construcción, esa es nuestra responsabilidad.

Antes hemos mencionado el “destino”,  es una cuestión en la que nos podríamos extender, pero si creemos que este viene exclusivamente del exterior nos estaremos limitando enormemente a nosotros mismos. El psiquiatra y psicoanalista C.G.Jung decía “Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino.” Desde esta perspectiva, trabajando sobre nuestros conflictos internos (mediante una psicoterapia por ejemplo) aprenderíamos que es nuestro y que no lo es, y que es lo que queremos, y en base a eso a buscaríamos soluciones nuevas a las limitaciones vitales, y lo más importante, perderíamos tanto miedo que tenemos a arriesgarnos, equivocarnos y, en definitiva, vivir. Si  no tenemos un mínimo conocimiento de nosotros mismos, haremos siempre las cosas del mismo modo, y nuestra vida no cambiará, y lo llamaremos destino (así llamaban los antiguos al inconsciente), cuando en realidad es nuestro inconsciente manejando los hilos detrás de la telón. 

Estar en contacto con nuestros deseos.

Es importante que sepamos donde queremos llegar, no es importante que lo sepamos como meta absoluta, si no como pequeñas metas. Estas irán cambiando a medida que vayamos avanzando en nuestro camino. Aunque en principio parezca fácil saber lo que lo que queremos, es el trabajo de toda una vida. Es importante que nos pongamos en contacto con lo que nosotros deseamos, y no lo que quieren nuestros padres, o nuestra pareja o lo que espera de nosotros la sociedad: tener hijos, casarnos o determinado nivel social.

Estar enfocado.

Elige una meta, centra tu atención en algo, algo que quieras conseguir, algún punto al que quieras llegar. La dispersión sólo atrae dispersión, confusión. Concentra tu energía en algo. Haz como el rayo láser, este al fin y al cabo sólo es luz, pero tan tremendamente concentrada que puede cortar el acero. Lo mejor es ponerse metas pequeñas y alcanzables e ir poco a poco, a nuestro ritmo a por ellas.

Enamórate del camino y los resultados surgirán solos.

Lo importante para generar cambios en nuestra vida es estar en movimiento. El movimiento genera otro movimiento, y a menudo no se puede prever que es lo que va a venir, que cambio vamos a generar. Por esto es importante tener tolerancia a la frustración cuando vayamos en pos de conseguir algo, no tomarnos las metas no alcanzadas como fracasos, estamos aprendiendo, aprendiendo a hacerlo mejor. Quizá queremos cambiar de trabajo y para ello decidimos mejorar nuestro inglés, por ejemplo, pero en las entrevistas que realizamos no nos acaba de ir del todo bien; pero de esa decisión de estudiar puede que salgan muchas otras cosas, otro trabajo que nos propone alguien que hemos conocido en la academia de inglés, nuevas relaciones, nueva pareja, amistades… nunca sabemos donde vamos a encontrar la suerte, por eso es importante estar atentos y activos. Dale una importancia relativa a los resultados.

Concéntrate en lo que quieres y ve a por ello, muévete, seguro que haces de la buena suerte tu compañera.

 

Ana María Fuentes Alcañiz

Psicóloga Clínica

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