PSICOANÁLISIS Y VIDA. Mi perfil de Facebook

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Psicoanálisis y Vida

“Psicoanálisis y Vida”es un sitio de Facebook. creado para la divulgación de material que ayude a pensar y reflexionar por caminos diferentes a los transitados de manera ordinaria. Porque los medios de comunicación nos bombardean de manera masiva y nos dificultan tener espacios de pensamiento diferentes. En definitiva nos dificultan tener espacios de pensamiento propiamente dichos, ya que nuestra atención está permanentemente puesta fuera de nosotros, viéndose bloqueada nuestra capacidad para soportar el vacío, porque siempre tenemos la cabeza llena de estímulos. Nos dificulta el generar nuevos, genuinos y originales pensamientos

Porque somos originales

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¿RESULTA NEGATIVA LA REBELDÍA?

               A menudo padres preocupados acuden a nuestra consulta para revisar el comportamiento rebelde y oposicionista de sus hijos, y en la mayoría de las ocasiones esta es una actitud, que aunque debe ser encauzada, resulta completamente normal y adaptativa. Lo preocupante es cuando un niño no puede rebelarse o no puede cuestionar los límites en los que se ve inmerso. Lo natural es que los niños, niñas, adolescentes y adultos podamos cuestionar las normas a las que nos vemos sometidos. Es el modo de buscar nuestra individualidad, de individuarnos como seres independientes y originales.

       Una inscripción en una tumba egipcia en el 3.000 a.C rezaba del siguiente modo, “Vivimos en una época decadente, los jóvenes ya no respetan a sus progenitores, son groseros e impacientes, frecuentan bares y no tienen dignidad” Lo primero que me llama la atención es tanta similitud de la actualidad con sociedades de hace 5.000 años, y lo segundo es la crítica y el rechazo que de modo habitual parece que despierta la rebeldía, en este caso en la adolescencia. Parece que en general esta actitud no nos hace sentir cómodos, pero bien, ¿es esta la función de la rebeldía? Creo que no, que su misión es otra, y como es algo que se repite generación tras generación, siglo tras siglo, debe tratarse de algo importante.

           Por lo general rechazamos la mayor parte de los signos de rebelión, de rebeldía, de salirse de lo establecido, del cuestionamiento de la norma, por eso quizá nos resultan tan molestos los adolescentes (casi nunca recordamos que nosotros también hemos sido uno de ellos), porque cuestionan los límites establecidos, esos que nosotros parece que ya hemos aceptado, esos que nos hacen sentir cómodos y estables. Y la estabilidad vivida como inmutabilidad es algo que el ser humano lleva toda su existencia persiguiendo por encima de todas las cosas, y resulta algo imposible de conseguir, ya que el único estado de estabilidad continua y sin cambios es la muerte.

           El cambio es algo natural y continuo, vivámoslo así, ya que la promesa de un estado permanente de tranquilidad, sosiego y estabilidad resulta una falacia, una mentira, un engaño, en pos del cual podemos gastar gran parte de nuestra vida. Somos estructuras en permanente cuestionamiento, en permanente cambio, en continua búsqueda de nuevos límites que transgredir y superar. Sin rebeldía el ser humano jamás hubiera llegado a la luna, ya que los límites humanos naturales resultan evidentes en ese sentido.

         En la infancia vemos como los niños y niñas prueban los límites de su cuerpo; más tarde los límites que imponen de los padres, un pulso que se prolongara en la adolescencia con la búsqueda de los límites de las normas, de la Ley, de la autoridad. Comprobarán si esta es resistente en pos de un marco normativo sólido al que poder asirse en su conformación como seres adultos. A menudo vemos como este cuestionamiento de las normas decae en el adulto ya formado, como si aceptase el mundo en el que vive aunque no le parezca del todo correcto. La sociedad nos impulsa a la aceptación de las normas, al no cuestionamiento, cuando lo natural es esto, el que nos podamos preguntar si ese límite o aquel, si esa o la otra norma son correctas, si deberían estar ahí o si habría que reformarlas. Realmente, las sociedades avanzan gracias a la rebeldía, gracias a que no nos conformamos con lo que nos han dicho que es “lo mejor” sociedades anteriores, generaciones anteriores. Así nace el Rock, el Punk, el arte abstracto, así nacen las revoluciones. Son nuevos puntos de partida a diferentes modos de pensar. Es remover de nuevo los cimientos en busca de un modo de estar en el mundo que se adapte mejor a nuestras necesidades, un intento de establecer un nuevo orden, ya sea interno o externo. Si la generación actual no cuestionase la anterior, la sociedad no avanzaría. Por lo tanto, la rebeldía es algo positivo. La crítica a lo establecido es una actitud necesaria para avanzar, ya sea personal (como somos nosotros, como es nuestra vida) o social (si las normas en las que vivimos inscritos nos parecen positivas o erróneas) La crítica y el cuestionamiento del sistema en el que vivimos (ya sea a nivel de personalidad, familiar, social o natural) nos permite revisar y trascender lo aprendido, lo que nos han dicho que podemos ser, pensar, hacer… Para trascenderlo y crear una nueva realidad al nivel que sea. Los límites son reaprendidos constantemente, durante toda la vida, hasta el final, como decía Jacques Lacan cuando hablaba acerca de la metáfora paterna y de la represión originaria.

           El paso a la edad adulta nos hace aceptar muchas normas establecidas, y eso no es en principio negativo, sólo que debemos conservar nuestra capacidad de crítica y autocrítica, para seguir transformándonos según la imagen que tenemos de lo que deberíamos ser.

          Debemos conservar toda nuestra vida cerca de nosotros al adolescente que fuimos y mantener vivo nuestro niño interior.

Ana María Fuentes Alcañiz

Psicóloga Clínica

“TUS HIJOS NO SON TUS HIJOS”

“TUS HIJOS NO SON TUS HIJOS” (Khalil Gibran)

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Tus hijos no son tus hijos,

son hijos e hijas de la vida

deseosa de sí misma.

No vienen de ti, sino a través de ti,

y aunque estén contigo,

no te pertenecen.

Puedes darles tu amor,

pero no tus pensamientos, pues,

ellos tienen sus propios pensamientos.

Puedes abrigar sus cuerpos,

pero no sus almas, porque ellas

viven en la casa de mañana,

que no puedes visitar,

ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,

pero no procures hacerlos

semejantes a ti

porque la vida no retrocede

ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual tus hijos,

como flechas vivas son lanzados.

Deja que la inclinación,

en tu mano de arquero
sea para la FELICIDAD

KHALIL GIBRAN (1883-1931) Poeta, filósofo y artista, nacido en Líbano.

            Su poesía se ha traducido a más de veinte idiomas y sus dibujos y pinturas se han expuesto en las grandes capitales del mundo.

             No encuentro palabras más certeras y emotivas para introducir este breve artículo, que versa sobre la ilusión de la propiedad y el derecho de propiedad que de manera supuestamente natural ostentan los progenitores sobre los hijos e hijas.

                 Esta ilusión de que los niños nos pertenecen, que son nuestros porque nosotras los hemos parido o porque nosotros somos sus padres dificulta fuertemente el desarrollo como personas de nuestros pequeños.

        Es desde las figuras paternas y maternas desde las cuales se ha de producir primero un desenganche interior, el renunciar a la posesión de estos seres y el darnos el rol de tutores. Y hablo de tutor no como una figura externa, extraña y fría, si no como la firme guía que se coloca junto a la plantita en crecimiento para que, sin apenas tocarla, ayude a alcanzar las cotas más altas.

              En nuestra cultura occidental habitualmente consideramos a las hijas e hijos como nuestros, lo cual aumenta el apego, pero este, no siempre es positivo. Si es un apego invasivo, desde el que proyectaremos en exceso nuestros miedo, deseos y angustias sobre el pequeño, entonces crecerá sin confianza en sus propias capacidades, ya que habremos llenado el inmenso hueco que tiene para aprender por si mismo las cosas con nuestras propias experiencias vitales.

               Hacia lo que debemos apuntar como padres y madres es hacia el apego en libertad. Esto que decimos es en ocasiones trabajoso, pues nosotros mismos no hemos sido criados así, encontrándose a su vez nuestras figuras de referencia dentro de este modo de crianza. De manera habitual, como madres y padres proyectaremos en nuestras hijas e hijos nuestros gustos, angustias, expectativas (que puede que coincidan con las que nuestros padres tenían hacia nosotros), etc. Los hijos tocan directamente nuestro ego, poniéndose en juego nuestro narcisismo con ellos. Estos procesos están ahí, forman parte del proceso evolutivo, del proceso de apego, de identificación de uno como padre o madre de ese niño; pero como todo proceso, ha de ser controlado, si no, esa energía va a tener tendencia a circular libremente, y eso no nos interesa. La energía psíquica se encauza mediante procesos de toma de conciencia. Mediante la concienciación de pensamientos, sentimientos y acciones de nuestra existencia. Es un proceso lento en ocasiones, pero el único modo de coger las riendas de nuestra vida y de permitir que nuestros niños las cojan sobre la suya. Porque son ellos los que tienen que aprender a coger su propio timón, no nosotros; nosotros sólo les enseñamos y ayudamos a sostenerlo.

             Con este artículo pretendemos que se inicie, o se vea reforzada, una toma de conciencia sobre este hecho, que ocurre casi siempre amparado por el inconsciente. Nuestra labor como Psicólogos es precisamente esa, ayudar y abrir camino a una toma de conciencia de nuestro modo de hacer las cosas y sus consecuencias cada vez mayor y más amplia.

        Cuando realizamos cambios en nosotros mismos, eso que hemos modificado ya no se transmite a la siguiente generación. Al igual que los patrones de crianza de nuestros padres están insertados dentro de nosotros (y los cambios que ellos realizaros también, por presencia de aspectos o por su ausencia), igualmente lo que consigamos cambiar en nosotros con respecto al modo de relacionarnos con nuestros niños ellos lo repetirán. De aquí nuestra responsabilidad que, sin caer el agobio, poseemos como padres y madres.

          Partimos de la base de que cada madre y cada padre ejerce su paternidad o maternidad lo mejor que puede. Y cuando digo “lo mejor” eso es exactamente lo que quiero decir. No hay lugar para la culpabilidad porque no estemos haciéndolo “suficientemente bien”, o porque no cumplimos nuestras expectativas. El tener un hijo es una experiencia que, si la sabemos utilizar bien, nos puede conectar con nosotros mismos y con nuestro modo real de hacer las cosas, no lo que nos han dicho que hay que hacer, ni lo que hemos leído acerca de la “correcta” crianza de los pequeños. Conectar con el propio instinto es de suma importancia. A la vez que conectamos con nuestra manera de hacer las cosas para esta tarea concreta nos estaremos reconectando con nosotros mismos para encontrar nuestro sitio real en el mundo, y no donde nos han dicho que nos tenemos que poner, como es nuestra personalidad, que cosas nos gustan, etc. Este es el punto en el que se rompe la cadena, puesto que a nosotros nos han dicho en buena medida, desde las cajas de contenidos de creencias y expectativas que son nuestros padres, (y los padres de nuestros padres), como somos, que nos gusta o que no, etc. Habitualmente nos han dejado poco espacio para desarrollarnos realmente, para que descubramos como somos y cuales son nuestros gustos, nuestras creencias, etc. Si un niño es fuerte es fácil que le veamos parcialmente a través de ese prisma obviando las numerosas otras caras de él. Si una niña es lista, puede que perdamos de vista que también es intrépida, sólo porque no le estamos ayudando a descubrirse, sólo porque esa inteligencia cubre nuestras expectativas y nos hace sentir “orgullosos”. Las personas poseen múltiples facetas. Ayudemos a que los niños se desarrollen así, como adultos con múltiples facetas.

            Nuestros hijos no son nosotros, son seres diferentes. Nuestros niños y niñas son como son, vienen a este mundo como vienen, y nuestro deber es acompañarles, amarles y guiarles en el descubrimiento de cómo son, o como quieren ser, en el descubrimiento de que les gusta y que no…

         No llenemos a nuestros hijos con nuestras experiencias. Dejémosles experimentar, dejemos que se caigan y se levanten, dejemos que hablen, que opinen… Así habremos cumplido con la hermosa tarea de ayudar a un ser a vivir feliz, a estar en paz consigo mismo y con el mundo. Así se rompe la cadena de esta falsa pertenencia.

               Escuchándoles a ellos aprendemos a la vez a escucharnos a nosotros mismos.

 

Ana María Fuentes Alcañiz

Psicóloga Clínica. Especialista en niños y adolescentes.

Protejamos a nuestros niños de la sobreinformación

La era de la sobreinformación

Vivimos en la era de las telecomunicaciones. Un suceso acontece en Estados Unidos y al minuto podemos ver imágenes de él en nuestros televisores. La información nos rodea de manera constante y no siempre resulta positiva para nosotros. Los informativos emiten decenas de noticias con miles de fotogramas que no podemos asimilar ni procesar porque es físicamente imposible, y lo único que conseguimos es padecer un constante estado de estrés que no sabemos de donde viene. Si a los adultos nos afecta esta sobreinformación imagínense a los niños y niñas.

En los adultos Eduard Estivil habla de el “Síndrome de fatiga informativa” (no categorizado nosológicamente). En él se habla sobre como altas cantidades de información producen estrés, estado de tensión contínuo, y baja cantidad y calidad del sueño en adultos. La información nos llega por televisión pero también por las redes sociales, las cuales se utilizan ya como un periódico personalizado, mediante el cual filtramos la información que más nos interesa, lo cual es positivo, pero que nos deja igualmente expuesto a un nivel de información tan grande que es imposible de asimilar tanto cognitiva como emocionalmente. Por otro lado los telediarios no paran de emitir breves pero intensas noticias sobre catástrofes, atentados, miseria, etc.

Parece que no ocurren otras cosas en el mundo, parece que el ser humano sólo es capaz de generar destrucción, o eso se infiere al acabar cada uno de ellos, generándose cierto efecto de “indefensión aprendida”, ya que, parece, que nada podemos hacer para cambiar la situación que acontece al planeta. En cualquier caso el número de noticias, nombres, lugares, personalidades, índices, porcentaje, etc, es tan elevado, que se hace prácticamente imposible su asimilación. Ver los informativos de televisión genera estrés y un estado de ánimo depresivo. Le recomendamos que utilice otro método informativo, como los periódicos o las noticias digitales, medios sobre los cuales sí tiene usted cierto grado de control.

Visto a grandes rasgos como afecta la sobreinformación a los adultos, seres con un aparato psíquico desarrollado, imaginemos como afectara esa misma información a nuestros pequeños, que aún tienen muchas funciones cognitivas por desarrollar y que a nivel emocional están aún formándose. Si a los adultos nos afecta este exceso de información intentemos pensar en que grado se verán afectados las niñas y niños. Sobre este tema trata ampliamente Françoise Dolto en su libro “¿Tiene el niño derecho a saberlo todo?”, resultando de gran interés en el tema que estamos tratando.

El bombardeo de información en los niños

A nivel social los niños se ven dentro de un grupo humano, del cual ahora podemos tener noticia de modo global por medio de las telecomunicaciones. Antes una niña prácticamente sólo se enteraba de lo que ocurría en su familia y en su barrio, ahora les hacemos partícipes de la situación en Sierra Leona. Esto no es información, esto es una agresión a los pequeños. Estos van a aprehender el mundo desde su más tierna infancia como un entorno hostil, lleno de violencia y destrucción. No les estamos ayudando a ver como es el mundo, les estamos enseñando que el mundo es peligroso y que hay que tener miedo. Les estamos enseñando a vivir con miedo (que por otra parte es como vive la gran mayoría de la población, inmersa en un estado de temor, miedo y estrés permanente). No vamos a fomentar el sentimiento de seguridad tan necesario para que se desarrollen con confianza y libertad. El niño no tiene un aparato psíquico desarrollado para poder asimilar de modo adecuado toda esa información, (pero por otro lado, ¿quién lo tiene?)

Es recomendable filtrar la información a los niños. Los telediarios no son recomendables en absoluto para ellos, y muchas veces son las vistas que acompañan a la familia a la hora de la comida y de la cena. Debemos evitar sobrecargar su sistema psíquico en la medida de lo posible. Una niña o niño que crece en un entorno que percibe como seguro será un futuro adulto fuerte.

El niño no puede procesar toda la información

También ocurren acontecimientos en un entorno más próximo a él, como pueden ser el barrio, el colegio o la urbanización. Y no todo le ha de interesar al niño, me refiero que, aunque él o ella sientan curiosidad, hay informaciones que no les corresponden por edad y las cuales hay que filtrar por ellos, porque aún no tienen desarrollados sus propios filtros. Al igual ocurre en el ámbito familiar. Hay noticias que afectan a la familia y que hay que filtrar para ellos. Puede ser una muerte o una separación de los progenitores. Acontecimientos como estos no deben ser ocultados al niño pero si suavizados, filtrados, traducidos a su idioma. No debemos evitar los acontecimientos negativos que ocurran en su ámbito más próximo, (ya que lo negativo forma parte de la vida, es constructivo, crecedor y es un desafío cognitivo importante), pero si amortiguarles el golpe. Ese sí es nuestro cometido como padres y educadores.

Pero no todo es competencia del niño, las discusiones entre los padres ahí deben quedarse, entre ellos. No debemos usar a los niños como apoyo en esos momentos de agobio, no debemos hacerles partícipes de nuestras angustias para con el otro cónyuge, ya que nosotros somos los adultos, no ellos. Nosotros debemos ser soporte para ellos, y no al revés. Lo que ocurra a su alrededor si se lo debemos explicar, si percibimos que el niño puede estar necesitando entenderlo, para comprender que ocurre a su alrededor. Se lo explicaremos si lo vemos necesario, pero de un modo “descafeinado” y adaptado siempre a su nivel evolutivo y con un lenguaje que ella o él puedan entender.

Protejamos a nuestros niños

Todo esto no significa que debamos mantener a nuestros niños alejados de la realidad, ellos también viven en ella, sólo que debemos ser filtros y amortiguar el impacto para ellos, para que puedan crecer con confianza en un entorno seguro y amoroso, y se puedan desarrollar del modo más sano posible.

Ana María Fuentes Alcañiz

Psicóloga Clínica

COMPARTA LA VIDA CON SUS HIJOS

Como dijo el gran poeta libanés Khalil Gibran (1883 – 1931), “Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida, deseosa de sí misma. No vienen de ti, si no a través de ti, y aunque estén contigo, no te pertenecen…” Estos versos nos colocan ante un modo sano y hermoso de relacionarnos con nuestros hijos.
A menudo los padres y madres perdemos la perspectiva. La maternidad y paternidad nos hacen tomar una nueva posición de manera forzosa frente al mundo. Ya no somos sólo nosotros, ahora nos tenemos que hacer cargo de un ser que depende enteramente de nosotros. La tarea se va a complicar más o menos, dependiendo todo de nuestro propio equilibrio psíquico, de como hemos sido tratados como hijos, de las figuras paternas y maternas que hayamos tenido y de quien ha partido el deseo de esa maternidad y paternidad, entre otras muchas cosas.
Si tiene dificultades que se prolongan en el tiempo, si sienten la maternidad y paternidad como un trabajo titánico, si perciben que no se pueden relacionar con normalidad, libertad y tranquilidad con sus hijos, consulten con un especialista. En relativamente poco tiempo ustedes se recolocarán  como figuras parentales y adquirirán una tranquilidad que les ayudará a disfrutar de sus hijos y la vida. Porque de eso se trata, de disfrutar.
Los niños no son nuestros, así que respetémosles como respetamos a las demás personas, no son tontos, son niños, están aprendiendo. No les ridiculicemos. Los padres estamos ahí para ayudarles a descubrir su identidad, no para darles una. Ellos no están ahí para cumplir nuestras expectativas, ayudémosles a encontrar sus propias metas y expectativas; mientras, ocupémonos maduramente de llegar a las propias. Permitamos que se formen su propia opinión sobre el mundo, este es un gran acto de generosidad, no les metamos nuestras locas ideas en sus cabecitas, seguramente ellos nos sorprenderán con interpretaciones del mundo que nos asombraran, y a las que tienen derecho. Escuchémosles. Ayudémosles a descubrir sus habilidades dándoles responsabilidades acorde con su edad, no les sobreprotejamos.
Y sobre todo, disfruten de ellos, disfruten con ellos. Compartan de verdad la vida con ellos. Hablen de verdad con ellos, como personas diferentes a ustedes y en cierto modo amigos. La vida es corta, a menudo no es tal la carga que nos colocamos a las espaldas. Disfruten de ella junto a sus hijos.
Ana María Fuentes Alcañiz
Psicóloga Clínica